domingo, agosto 21, 2016

Deseos Inesperados

Hoy ha sido un buen día.


Emprendí un viaje que pensé que no repetiría. En su momento, lo realicé con dolor pues sabía que no sería un grato recuerdo, ya que estaba relacionado en forma indirecta con una elección que debía hacer. Una de esas que sabes que serán para bien, pero te cuesta tomar la iniciativa.

Pero esta vez, viajé con otra persona y las cosas se vieron desde otra perspectiva. En un principio pensé que me invadiría la nostalgia y me pondría a llorar con solo llegar.  Creí que recordaría a quien dejé atrás (o me dejó. Nunca quedó claro quién fue el que tomó la decisión pero ¿qué importa? la cuestión es que nos dejamos).

Sería mentir si digo que no recordé esos momentos, que no me vi tratando de ser feliz por esas mismas calles, que no reconocí cada camino que hicimos juntos. Pero no sentí tristeza al ver esos recuerdos: me invadió la paz. Hice las paces con esa ciudad, con mis recuerdos y conmigo misma.

Me sentí libre, me sentí capaz de continuar por mí y no por alguien más. Me di cuenta de lo mucho que valoro estar en una relación conmigo misma, algo que no me permití antes por temor.

Debo confesar que, si bien todo esto no me puso mal y resultó ser algo positivo, un detalle del viaje me inquietó.

No hace mucho tiempo atrás descubrí que tenía una atracción especial por ciertas personas. Me negué a reconocerlo en varias oportunidades porque la sociedad juzga estas actitudes como extrañas.

Pero llegó un momento que fue inevitable, no podía negar que me atraían y en gran medida: me estoy refiriendo a las personas asiáticas. No hay otra forma de decirlo, me fascinan.
Sé que no es admitir un crimen, pero en mi sociedad es un gusto exótico. Suele juzgarse mucho por la apariencia y, en cuanto a las personas asiáticas, para muchos carecen de atractivo ya que "son todos iguales".
No sé si es mi mente que siempre ha idolatrado esas culturas o un simple fetiche, pero a mí no me parecen todos iguales y sus rasgos son seductores.

Y, desde que admití esta cuestión conmigo misma, he podido observar cuando me voy cruzando con asiáticos. Ya no es como si no existieran, porque antes no les daba atención si aparecían a mi alrededor, ahora los admiro maravillada.

Hoy, exactamente ocurrió eso.

Nunca fui de observar a una persona demasiado, aún si era la más hermosa del planeta.
Sin embargo, cuando estábamos haciendo los trámites para regresar al país algo sucedió: no sé bien si me miraban a mí o a mi alrededor, pero me crucé con unos ojos color miel que me llamaron la atención.
Eran preciosos, de un color vibrante y no los pude ignorar. Como leí una vez en mi obra teatral favorita: esta persona tenía "la mirada más bonita que los ojos".

Cuando observé mejor a su dueño no pude evitar notar que tenía rasgos orientales. Y eso, claramente, me cautivó aún más. Por ello, lo observaba y él, cada tanto, a mí. Puedo estar segura de una sola cosa, las miradas eran mutuas.No sabría decir si me miraba porque le atraía o simplemente porque yo lo miraba a él. Pero mis ojos verdes se cruzaron muchas veces con esos ojos color miel.

Y como si fuera un hechizo, no podía dejar de mirarlo. Solo pude reaccionar cuando aquello que me inquietó apareció frente a mi: estaba casado. Su esposa merodeaba junto a él, algo malhumorada. Quizás, los trámites la tendrían agotada y de mal humor, por ello no noté que fuera su esposa hasta que vi como le tendía el pasaje y la alianza de matrimonio relució frente a mis ojos. No hubo una sola muestra de cariño entre ellos que me delatara su relación antes de esto, ni siquiera una sonrisa.

Me sentí pecadora por un segundo. Creo que ella no notó este cruce de miradas, o fingió no darse cuenta aún cuando algunas eran demasiado evidentes. Y allí es cuando me inquieté.
Siendo una persona racional, habría apartado la mirada porque lo que me interesaba pertenecía a otra. Pero esta vez no pude hacerlo.
No estamos hablando de una mirada de lujuria. Sé muy bien que no me habría acercado a él aún si era claro que yo le atraía, porque no me metería jamás con un hombre casado. No creo en el matrimonio, pero si en la fidelidad, devoción y respeto que deberían tener todas las parejas. Por ello, no sería la segunda de nadie, ya que no se obtendría más que dolor para cada una de las partes.


Pero algo en esos ojos me cautivó, incluso, algo me hizo pensar que él no era feliz en esa relación.Quizá esas vacaciones familiares (porque luego descubrí que estaban los padres de ambos) eran agotadoras. ¿Cómo pude imaginarme semejante situación? ¿Desde cuándo yo soy así?
Inmediatamente pensé que estaba loca, que era posible que él se inhibiera porque una chica lo miraba y temía que su esposa pensara mal. Seguramente, estaba imaginando cosas.

Y allí me perdí a mi misma ¿Por qué hoy no pude dejarlo pasar? ¿Cómo es que no pude mirar para otro lado e ignorar mi interés? Si bien no hice nada más que mirar de lejos ¿esto me convierte en una cualquiera?

Creo que, por primera vez, debo admitir que me he desilusionado de que una persona estuviera en una relación. Si lo hubiera encontrado y no hubiese estado casado, estoy muy segura que me habría acercado a hablarle. Hace tiempo atrás, solamente habría admirado de lejos por inseguridad. Pero me di cuenta de que ya no soy la niña tonta que teme hacer el ridículo por lo que quiere, aún cuando eso sea conquistar a un extraño. 

Les aseguro, también, que nunca creí en el amor a primera vista pero hoy si pude pensar que el amor de mi vida se me escapó de las manos. Y también pensé que nada es casualidad.


Quien sabe, quizás el día de mañana me vuelva a cruzar a esos ojos color miel.

4 comentarios:

  1. Muy bello y profundo relato!! Es muy aliviador sentir que un@ hace las pases consigo mism@. Duele, pues claro que sí!! Pero todo aquello que duele, da sus frutos. En tu caso, haberte reconciliado con vos misma, haber dado ese paso de volver a aquel lugar que mencionas, haberte reconciliado con tus recuerdos cambió totalmente tu estado, tu bibración, tu ser!! Y gracias a eso, es que te has redescubierto!!!!!!! :D

    Permíteme darte un humilde consejo: sigue escribiendo, sigue haciendo todas aquellas cosas que te hacen bien y persigue tu felicidad. No te vuelvas a permitir renunciar a tus sueños por nadie!! Ya lo has visto: como resultado final, te pierdes a ti misma y no te reconoces!!

    Quién sabe? Quizás aquellos ojos color miel realmente se vuelvan a cruzar por tu vida... o quizás atraigas a otros. Lo que debe importarte es ser tú misma y disfrutar cada momento de tu vida, agradeciendo siempre a las personas que tienes cerca, te apoyan y te brindan su amor... porque te están regalando algo que no recuperarán: SU TIEMPO!!

    Espero leerte pronto!!

    Besos.

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    1. Es extraño ver que alguien entró a leer lo que escribo. Es una lástima que dejaste el comentario anónimo, ya que no puedo responderte adecuadamente, pero aún así gracias por comentar y leerme. Es cierto, es importante ser uno mismo y reconocer ciertas cosas. Claro que me apoyo en los que quiero, jamás me han abandonado y yo no lo haré con ellos.
      Espero que vuelvas a pasar, justamente hoy volveré a postear. Espero verte comentando nuevamente alguna vez :)
      Suerte.

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    2. Pero si lo has hecho! Me has respondido adecuadamente aún sin existir obligación alguna!

      Y qué alegría leerte diciendo que volverás a postear!!!!!!!

      Estaré pasando en breve para ver leerte ;)

      Suerte para ti también!

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    3. Ahhhh, y por cierto: si escribes un blog, se supone que no debería Extrañarte tanto que lo lean, no crees? Jajajaja

      Saludos!

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