domingo, octubre 30, 2016

Día D, primera cita para la reina de hielo

Unas entradas atrás, si me han leído, podrán encontrar mi deseo de conocer una persona asiática (He cambiado el término, porque me han dicho que oriental no les gusta para referirse a ellos).
Me empecé a sumergir en este mundo, tal como dije. Pero no me ha sido tarea fácil, he tenido mis retrocesos.
Decidí que si iba por lo que quería, sería valiente. Que ya no dudaría, que si veía a alguien que me gustaba, le iría de frente con lo mejor de mí. Pero cuando te das cuenta que, la persona que tienes frente a ti, te gusta: adiós valentía. Porque no es que solamente te atrae físicamente, te gusta todo lo que sabes de él. Y en ese instante, en cuanto te sonríe y se te descongela el corazón, te pones en modo idiota y admites la derrota. Si, eso me ha pasado hoy....


Por eso es el Día D. 
Venía esperando que se diera esta oportunidad, pero bajo otras circunstancias.

Hace una semana que veníamos planeando asistir a una fiesta de Halloween con varias personas del trabajo. Luego de un tiempo, se fueron bajando algunos del plan y anunciaron que tenían otros compromisos. Otros que no imaginamos se sumaron, pero ya no era lo mismo. 
Llegó la noche anterior y con uno de mis compañeros del trabajo, que es como mi hermano pequeño, dijimos que estábamos cansados y sería ideal que suspendieran. Al llegar a casa tenía el mensaje de la organizadora, una amiga mía, diciendo que se había suspendido. 
Con el pequeño (como lo llamaré de ahora en más) nos quedamos atónitos. Se cumplió nuestro deseo y empezamos a ver que otros planes teníamos para la fecha.
Era la noche de los museos (en Argentina es una noche donde abren casi todos los museos y sitios de interés turístico hasta altas horas de la madrugada) y yo tenía el recital de la banda de uno de mis primos. No es que estaba sin nada para hacer en sí.
La mañana del sábado teníamos un mensaje: la fiesta se suspendió en un boliche, pero ya sabían que podían hacerlo en otro sitio. 
Ahora estábamos en un dilema: no se había suspendido pero nadie tenía ganas de viajar para eso. El pequeño estaba lejos y seguramente ya había coordinado con su novia para ir de paseo. Los demás también hicieron otros planes. Había quedado sola y no tenía excusa: era a tres cuadras de casa. Pero, más que excusa, no tenía ánimo. En primer lugar, porque le había confirmado a mi primo que asistiría a su recital, ya que iba toda la familia. En segundo lugar, porque estaba huyendo de una persona que no quería enfrentar sola. Había posibilidad de conocer personalmente a un muchacho con el que hablaba hace tiempo, pero nunca había visto. Teníamos a la organizadora como amiga en común, el mundo es un pañuelo. Si mis amigos hubieran asistido a la fiesta seguro tendría más valor, es que ya sabía que esta persona me derrumbaría a primera vista.

Por eso, para evitar que esto pudiera ocurrir (como buena cobarde que soy) fui al recital y volví a mi casa luego de cenar con mi familia. Algo que casi nunca ocurre, porque es mi familia por parte materna. Esto es historia para otro momento...
Me sentí tan genial esa noche, caminando de regreso a casa pasando por los bares que creí que podría entrar a la fiesta y conocer a quien estaba evitando. Tenía ese deseo, pensaba que tenía que intentarlo. Pero duró un instante, porque finalmente no me atreví. Y eso fue todo, desistí y regresé a casa a dormir tranquilamente.

Al día siguiente me levanté e hice ciertas cosas en casa. Decidí a media tarde irme a caminar por el barrio, algo que se me ha hecho una costumbre. En medio de la caminata, la persona que estaba evitando me escribió y me dijo que si quería ir a tomar mates con él. Entré en pánico, verdadero pánico. Ni yo sabía que podía ponerme tan tonta. ¿Qué hago ahora? ¿Digo que no puedo (una vez más) o afronto la situación y voy? Tomé el poco coraje que me quedaba y le dije que si prefería que fuéramos a un café porque no quería que se ponga incómoda la situación en ningún aspecto. Era la primera vez que nos veríamos y suelo parecer una reina de hielo debido a mis nervios, no quería hacerle pasar un mal rato. Pero sabía que tampoco podría evitarlo...Soy así.


Regresé a toda velocidad a mi casa, me puse un poco más presentable y fui a su encuentro. Llegué pronto, bastante pronto de hecho. Y decidí esperarlo en un banco, con mis auriculares puestos para que pudiera reconocerme. Y él, no dudó. Me sonrió antes de cruzar la calle...y mi corazón se derritió un poco. Demonios que es bonito, o definitivamente los asiáticos me pueden. Creo que ambas posibilidades son correctas.
El pobre chico (y digo pobre porque se cruzó conmigo, la reina de hielo) tiene bonita sonrisa y eso alteró mis nervios. Fue una cita corta,  o normal, simplemente tomamos un café y charlamos. Hubo momentos de silencio, a veces no lo miraba cuando hablaba porque moría de la vergüenza, lo usual. No conozco una primera cita perfecta...
Pero no me he llevado tan mal trago. Él me ha parecido divino, realmente me gusta como es en todo sentido. Si por mi fuera, lo vería nuevamente y ahí si que no sería tímida, el hielo ya se derritió. Pero ¿cómo saber si le he hecho pasar un mal rato? Es tan correcto que no me lo dirá. Ya he visto lo que necesitaba ver: si había un poco de química.

¿El destino me dará la oportunidad de verlo otra vez? Al menos, el destino ya me dio una: conocer a una persona asiática. Encima, un japones muy guapo. Más que eso, no puedo pedir de momento...el tiempo dirá.
Ya les contaré si sobreviví a la primera cita.

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